viernes, 8 de abril de 2016

El harén de la talla 38


La escritora marroquí Fátima Mernissi describe en su libro El harén en Occidente, la perplejidad que vivió el día que, por primera vez, fue a una tienda de Estados Unidos con la intención de comprar una falda. Explica que también fue el día que escuchó por primera vez que sus caderas no iban a caber en la talla 38: “A continuación viví la desagradable experiencia de comprobar cómo el estereotipo de belleza vigente en el mundo occidental puede herir psicológicamente y humillar a una mujer”.

–¡Es usted demasiado grande!, le dijo la dependienta
–¿Comparada con qué?, respondió Mernissi


Asegura la escritora que tras pensar en su sobrina –delgadísima–, que tenía 12 años y usaba la talla 36, se dio cuenta del paralelismo entre las restricciones patriarcales en oriente y occidente. Así, explica que el hombre musulmán establece su dominación por medio del uso del espacio. A las mujeres se las excluye de los lugares públicos y en los más privados –las mezquitas o las casas–, se las separa en habitaciones o zonas bien diferenciadas. El occidental, según Mernissi, lo que manipula es el tiempo. “Afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (…) Al dar el máximo de importancia a esa imagen de niña y fijarla en la iconografía como ideal de belleza, condena a la invisibilidad a la mujer madura. Las mujeres deben aparentar que son bellas, lo cual no deja de ser infantil y estúpido. (…) El arma utilizada contra las mujeres es el tiempo. (…) La violencia que implica esta frontera del mundo occidental es menos visible porque no se ataca directamente la edad, sino que se enmascara como opción estética”.

Mernissi asegura que, en aquella tienda, no sólo se sintió horrorosa, sino también inútil. Y expone el mecanismo, idéntico al utilizado con el velo en el mundo musulmán o contra las mujeres en la China feudal, a quienes se les vendaban los pies. “No es que los chinos obligaran a las mujeres a ponerse vendajes en los pies para detener su crecimiento normal. Simplemente definían el ideal de belleza”. Es decir, no se obliga a ninguna mujer a hacerse una operación de cirugía estética o a pasar hambre, simplemente, se rechaza a quien no entra en el modelo impuesto. Sólo un modelo idéntico para todas porque las mujeres, en el patriarcado, son la mujer, en singular, lo que quiere decir, todas iguales.


Es lo que Pierre Bourdieu llamó la violencia simbólica: “La fuerza simbólica es una forma de poder, que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, al margen de cualquier coacción física; pero esta magia sólo opera apoyándose en unas disposiciones registradas, a la manera de unos resortes, en lo más profundo de los cuerpos”.

El “arte de magia” tiene unos estupendos instrumentos a su servicio en los medios de comunicación, la publicidad, las entrevistas de trabajo, el cine, la música, la pornografía… y consecuencias dramáticas en mujeres frágiles e inseguras, sumisas a los modelos corporales; mujeres anoréxicas, bulímicas, operadas, hambrientas y consumidoras de cualquier producto que prometa belleza y juventud en siete días. Frente a todo esto, la propuesta de Germaine Greer: la mujer completa, definida como una mujer que no existe para dar cuerpo a las fantasías sexuales masculinas ni espera que un hombre la dote de identidad y estatus social, una mujer que no está obligada a ser bella, que puede ser inteligente y que adquiere autoridad con la edad. Porque como explica Wolf, los cosméticos sólo son un problema cuando las mujeres se sienten invisibles o inútiles sin ellos. Igual que cuando se sienten obligadas a adornarse para que las escuchen o para conseguir un empleo o mantenerlo. Lo mismo que la ropa deja de ser crucial cuando las mujeres tienen una identidad sólida. En un mundo en el que las mujeres tengan verdaderas opciones, lo que hagan respecto de su propio aspecto pasará a tener una importancia muy relativa.

El rincón de la mujer emprendedora

miércoles, 6 de abril de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

Fábula para reflexionar: el camello sabio

De alguna forma, todos hemos nacido con ciertos talentos, pero por varias razones no los desarrollamos. En esta fábula podemos reflexionar que el desarrollo de tales talentos depende algunas veces del lugar donde nos encontremos.


Una tarde, bajo un calor insoportable, una madre camello y su cachorro estaban descansando bajo la sombra de un árbol. De pronto, el bebé camello le pregunta:

– Madre; ¿ puedo preguntarte algunas cosas?

¡Claro que sí!, qué es lo que deseas preguntarme o hay algo que te molesta?

– ¿Por qué los camellos tenemos joroba?

Mira hijo, nosotros somos animales del desierto, y necesitamos la joroba para guardar agua y poder sobrevivir por mucho, pero por mucho tiempo.

– ¿Bien, ¿puedo seguir preguntando?

Claro hijo puedes seguir preguntando.

¿Por qué tenemos unas piernas muy largas y nuestras patas son redondas?

Obviamente las tenemos para que se adapten al andar en el desierto, con estas piernas nos movemos mejor que nadie.

– ¡ Y por qué tenemos nuestras pestañas tan grandes? Esto a veces me molesta en mi vista.

Aquellas pestañas largas y gruesas son una tapa protectora. Ellos ayudan a proteger tus ojos de la arena del desierto y el viento.

– Ya entiendo mamá. Si tenemos la joroba para almacenar el agua cuando estamos en el desierto, las piernas son para andar por el desierto mejor que nadie y estas pestañas protegen mis ojitos en el desierto… Entonces, ¡qué demonios estamos haciendo aquí en el maldito zoológico!
Moraleja para reflexionar

Todas nuestras tareas y actividades será muy fácil de realizar si nos encontramos en el lugar indicado. Y es que la comodidad nos lleva a la mediocridad, pues al estar siempre en el mismo escenario y sin atreverse hacer algo diferente puede ser que uno se convierta en un esclavo del tiempo, donde los segundos, minutos y horas …¡ serán una eternidad!

Así que de nada sirve tener varias habilidades, capacidades, conocimientos y experiencias, si uno no se encuentra en el lugar correcto y bajo el ambiente correcto. Y si se ha terminado una carrera, una Maestría o un Doctorado, pero si aún uno se encuentra en tu propio “zoológico”, ¿ de qué vale todo ese esfuerzo?

Así que, ¿en dónde estas ahora?

El rincón de la mujer emprendedora

viernes, 1 de abril de 2016

TU risa

Nuestra risa, igual que nosotras, tiene edad.
Evitemos que ella se haga mayor


El rincón de la mujer emprendedora