domingo, 28 de junio de 2015

Ya no le tengo miedo a nada

Una niña temerosa se asomaba por lar rejas de una ventana… veía al mundo pasar, sin atreverse a traspasar esas rejas… Pero la vida quiso que aprendiera y aunque durante mucho tiempo no quiso salir de su escondrijo, la vida se encargó de que el mundo llegara a ella tocando a su puerta.


Como era una niña educada siempre terminaba abriendo… temerosa, primero asomaba su cabeza y finalmente terminaba abriendo sus puertas a toda clase de criaturas: duendes, magos, hadas disfrazadas de brujas y brujas disfrazadas de hadas. A veces, quedaba hipnotizada por los juegos del mago, que al final terminaba desapareciendo, dejando a la niña sola y triste…

A veces, le sorprendía un hada llena de bonitas palabras que se convertían en dardos directos a su corazón, otras sentía miedo ante una extraña mujer que quizás no lo fuera tanto pero que a ella le asustaba…

Quizás porque ya habían tocado a su puerta las falsas hadas, los maravillosos magos que prometían convertir en oro todo lo que tocaban o los graciosos duendes que tan pronto estaban como no estaban… todo empezó a cambiar en su interior…

Poco a poco la niña empezó a distinguir a las hadas de las brujas, a los falsos magos de los que en realidad sí lo eran y aunque todavía en algunas ocasiones se equivocaba… un buen día se sintió profundamente feliz, con una felicidad que la desbordaba y es que…

Ya no le daba miedo nada, ya no contemplaba el mundo desde la ventana, porque ahora era ella la que tocaba a las puertas de otras niñas temerosas para enseñarles todo lo que ella había aprendido de todos aquellos huéspedes que durante tanto tiempo se habían presentado delante de su puerta.

Desde entonces siempre se decía a ella misma y repetía a otras niñas “Ya no le tengo miedo a nada”…

¿Cómo dejar de temer?

Si te sientes identificado con las palabras de este relato. Si sientes miedo a enfrentarte a la vida, a los demás, al resto del mundo, no te preocupes o te avergüences por tu temor.

Todos tememos a algo o a muchas cosas a la vez; pero la vida, la experiencia nos va enseñando poco a poco, nos va fortaleciendo y por mucho que trates de esconderte, la vida siempre llama a tu puerta.

Así es que no dudes en:

Vivir experiencias

La experiencia es la única que nos ayuda a crecer, a aprender de nuestros errores; no tengas miedo a equivocarte o a que los demás se equivoquen contigo. Todos nos erramos no una sino muchas veces.

Dejar de arrepentirte de lo que has hecho

En un momento dado lo pensaste así, por tu edad, por tus circunstancias, por tu personalidad y ya está. Suelta lastre, no cargues con los fallos. Una vez que has aprendido, lo único que hacen es limitarte.

Reflexionar sin martirizarte

Si sientes que alguien te ha hecho daño o que tú se lo has hecho a alguien, reflexiona sobre ello, perdónate o perdona a los demás y continúa el camino. No es bueno tener nuestro interior lleno de rencores que no nos conducen a nada.

Consultar a tus seres queridos y tomar la decisión final

Muchas veces nos encontramos perdidos, hay personas que además de querernos tienen esa habilidad para calmarnos con tan sólo dos palabras. Escúchalas y al final sé tú quien tome la decisión.

Nadie mejor que uno mismo para conocerse. Muchas veces tendrás dos caminos y uno sólo para elegir. Elige después de haberlo reflexionado; no te martirices con… ¿Y si hubiera elegido este otro camino? Lo hecho hecho está y en su día creíste que era la mejor elección.

El rincón de la mujer emprendedora

miércoles, 24 de junio de 2015

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya

Lo que otras personas piensen de ti es su realidad, no la tuya. Ellos saben tu nombre, pero no tu historia, no han vivido en tu piel, ni han calzado tus zapatos. Lo único que los demás saben de ti es lo que tú les has contado o lo que han podido intuir, pero no conocen ni a tus ángeles ni a tus demonios.


Con frecuencia nos cuesta entendernos a nosotros mismos pero nos aventuramos valientes a descifrar el código del sentir ajeno. No se puede tener ningún tipo de certeza de lo que otros sienten. De la misma forma, no podemos saber lo que han vivido y lo que han aprendido o no.

Por lo tanto, no deberíamos darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de saberlo todo.

Las personas que critican

Hay personas que dan su opinión sobre ti, sobre tu vida y sobre tus decisiones aunque nadie se la haya pedido. Suelen ser opiniones malintencionadas o carentes de todo criterio cuyo único objetivo es hacer daño, menospreciar y disfrutar del pesar ajeno.

Generalmente, es gente con baja autoestima que no se acepta a sí misma, por lo que difícilmente puede aceptar a los demás. Estas personas ponen etiquetas que reflejan la realidad de cómo se sienten ellas mismas, proyectando así sus dificultades emocionales.

Somos los únicos que podemos recorrer nuestro camino

Vive tu vida de la forma que quieras, no de la que los demás quieren que vivas

Es probable que si nos pudiésemos meter en el cuerpo y la mente de los demás, no nos atreviésemos a juzgar. No obstante, valdría la pena el ofrecimiento para poder valorar nuestra valentía. Sería una verdadera prueba de fuego.

Fantasías aparte, debemos asumir como única la responsabilidad de valorarnos y dejar de condenarnos. Lo que los demás piensen de nosotros no nos pone un precio. Es decir, del mismo modo que no dejamos que nos digan qué ropas tenemos que ponernos o cómo debemos vestirnos, no tenemos que permitir que los demás elijan nuestro armario emocional.

Si vivimos conforme a lo que los demás piensen de nosotros, perderemos nuestro estilo y nuestra personalidad. Nos veremos obligados a colocarnos una máscara y nuestra imagen en el espejo solo reflejará nuestra inseguridad y la inexistencia de una autoestima saludable.

Curar nuestra parte dañada por la crítica

Las personas más infelices en este mundo son las personas que se preocupan demasiado por lo que piensen los demás.

Para sanar las heridas emocionales que nos causa la crítica, debemos de tener claro, en primer lugar, que somos personas únicas y excepcionales. Conforme a esto, debemos perderle el miedo a sentir y a pensar por nosotros mismos.

Son los demás los que están juzgando y criticando, no tú. La crítica no constructiva lleva consigo gran pobreza emocional en el mundo interno de quien la realiza. Por lo tanto, si la persona no se deja enriquecer, en estas ocasiones te conviene ser emocionalmente egoísta y “que cada palo aguante su vela”.

Así pues, despréndete de la negatividad y piensa que tu vida es mucho más fácil sin meterte en la vida de los demás. Te damos algunas claves para que te reclames a ti mismo:

1.- Como hemos comentado, la consecuencia directa de dar crédito a lo que los demás piensen y digan es que acabamos convirtiéndonos en alguien que no somos. Y, por supuesto, querer complacer a otros a costa de nuestra identidad no es para nada saludable.

2.- ¿Eres una buena madre? ¿Eres una persona con éxito? ¿Eres inteligente? ¿Realizas bien tu trabajo? ¿Les gustas a los demás? Date cuenta de toda la energía que pierdes preocupándote por estas cuestiones.

3.- De todas maneras, los demás piensan sobre nosotros mucho menos de lo que creemos. Es decir, solemos sentirnos el centro de las miradas del resto de la gente cuando, en realidad, puede que lo que hagamos no sea relevante para muchos de los de nuestro alrededor. Quítate ese miedo, es en gran parte producto de tu imaginación.

4.- Da igual lo que hagas y como lo hagas, siempre habrá alguien que lo malinterprete.Así que intenta vivir y actuar con naturalidad. Lo que tú haces porque lo sientes siempre será lo correcto. No solo no te podrás justificar, sino que te sentirás falso si no sintonizas contigo mismo.

No esperes que los demás comprendan tu viaje, especialmente si nunca han tenido que recorrer tu camino.

El rincón de la mujer emprendedora

martes, 23 de junio de 2015

Carta de una despedida: cosas que nunca te dije

No sé en qué momento comencé a perderte, ni tampoco cómo ha ido sucediendo… Lo único que siento es tu ausencia y este revuelo de sentimientos.

Quizás no es que te haya perdido, sino que mis sentimientos se han alejado por circunstancias que aun todavía estoy intentado llegar a comprender y a descifrar… pues ni yo misma entiendo como el calor se puede volver hiel en cuestión de momentos.


¿Sabes?, cuando pierdes a alguien o desconectas de una persona, se torna en tu interior un vacío inaguantable si consideras que, tan solo por el mero hecho de ser ella, es auténtica e incomparable. Eso me pasa contigo…

Me he quedado tantas cosas por hacer, tantas cosas sin decirte… Pero es que cuando te tengo delante se me hace un nudo en la garganta y mis palabras juegan a esconderse, pues te he fallado, no he podido continuar la promesa de unir mi vida con la tuya para que hagamos el viaje juntos.

Parece que mi parada se ha adelantado, en contra de lo que imaginábamos…

Lo cierto es que no me arrepiento de nada de lo que hemos hecho hasta ahora. De nada de lo hecho, ni de lo dicho, ni de lo sentido. Pues contigo he vivido momentos únicos, he sentido cosas extraordinarias y hemos hecho juntos cosas irrepetibles.

Nunca nadie me había amado de forma más sincera y bondadosa como tú. Nunca nadie me había enseñado que el amor, así como llega también se construye y que lo importante de la vida, es entregarte a aquello que haces, rendirte a la evidencia de los hechos y fluir con ellos… y que las oportunidades solo están cuando salimos a buscarlas…

Una vez más, me gustaría agradecerte tu compañía a mi lado, todo lo que me has enseñado y hemos aprendido y descubierto juntos.

Porque si de algo estoy segura, es que tú me has hecho mejor persona. Me refiero a quegracias a ti comencé a descubrirme y a contactar de otra manera conmigo. Y eso, tiene un valor incalculable.

Quizás nunca te lo dije…

Las cosas que nunca te dije son esas que ni siquiera yo puedo explicártelas con palabras. Las cosas de los sentimientos, las cosas del amor, el cariño y la nostalgia, esas que se sienten desde lo más adentro…

Te recuerdo y te digo todo aquello que quizás no te dije, pero que sabías y respetabas.

No ha habido día en el que no he agradecido el poder encontrarte en mi camino y conocerte. Porque aunque ya no seamos los mismos, eres la persona más importante que he conocido, la más sincera y auténtica… me lo decían tus ojos.

Tú y yo, recorrimos sendas secretas y otras muy transitadas, pero que hicimos nuestras con el caminar de nuestras emociones por ellas. Aprendimos que el amor más que un sentimiento puede llegar a ser algo inexplicable que se siente como una explosión interna que te lleva a descubrir la esencia de la persona que sabe mirarte a los ojos y hablarte con ellos a través del silencio.

Hablábamos el mismo lenguaje durante muchos días, hasta que yo comencé a no entenderlo… Por eso te digo, lo siento…

Pero también te digo que digo que sigas, que sigas siendo como eres, desde los pies a tus sentimientos. Y que ames con esa sencillez que te caracteriza, tan pura. Que yo estaré ahí, te lo prometo; de otra manera sí, desde la que me permitas tú y mis sentimientos; pero no pienso olvidarte. Formas parte de mí. De mi historia, de mi vida y de mi persona.

En mi hay un trocito de ti y supongo que en ti, otro poquito mío.

Quizás, no sigamos el camino juntos, pero ha sido todo tan sano y tan autentico, tan sincero y bondadoso, que sigues siendo alguien importante en mi vida. Mi punto de inflexión.

Y aunque esta sea una carta de despedida, yo no lo considero, porque no quiero hacerlo y porque creo que decirte adiós para mí es algo imposible. Seguirás ahí, aquí dentro y de otras muchas formas, porque cuando conoces a alguien y te deja entrar en su vida, a pesar de todo, es imposible borrar su rastro.

Cuanto amor me llevo, cuanto amor me has dado.

Cuanto amor envuelto dentro de esta carta…

El rincón de la mujer emprendedora

sábado, 20 de junio de 2015

Tengo muchas ganas de no pensarte

Me encuentro en esta taberna preguntándome cuánto sería capaz de pagar por el olvido. No me duelen prendas, incluso las vendería todas y me quedaría desnuda. No tiene que hacer más frío del que siento ahora y el constipado no me obligaría a descansar más que el dolor que guardo en el espacio que hay entre la copa y mis labios. Invisible y levitando.


Quema más que el alcohol puro y guarda la esperanza engañosa de las punzadas, como el goteo en la piedra. Me imagino dos mundos separados por un enorme precipicio. En uno estás tú y en el otro no lo estás y tengo la sensación de que no puedo vivir en ninguno de los dos.

No es la primera vez que me enamoro

“Te lo digo para que no me cuentes que esto se pasa. Ya lo sé. Conozco el camino gracias”

Así fue como le conocí, él estaba detrás de la barra y yo intentando encontrar el final para mi novela. Él se pensó que ahogaba penas y yo me puse en la piel del personaje que después he imitado. Palabra por palabra, letra por letra.

En ese personaje encerré todos mis miedos y las palabras que utilicé para caricaturizarlos, pero solamente sirvieron para que se escaparan por un sitio que desconozco. Ahora me encuentro en otro bar y con el corazón roto en mil pedazos, tan pequeños que me hacen invisible.

Soy como una verdad cruel, alguien a quien presentarías la última después de haber descartado todas las ideas que se te han ocurrido para no tener que hacerlo. Para no tener que llegar a ese momento en el que todo estalla por los aires y te das cuenta de que no hay vuelta atrás.

Aunque no conoces todos los pegamentos del mundo, alcanzas la certeza de que no existe ninguno que pueda arreglar el golpe de la última caída. Seco, sordo, incluso desde fuera inocente. Es entonces cuando el amor pasa a convertirse en una burbuja que no puedes tocar ni tampoco dejar de mirar hasta que termina de explotar en el peor de los silencios.

Mientras, intentas encontrar una manera de contarle a todos que la persona a la que hasta ayer hubieras defendido a muerte hoy ya no es la misma, y ya no puedes hacerlo porque no es el papel que te corresponde. Es así, la realidad poco a poco se va imponiendo, llega como las olas a la playa y entre crecida y crecida están las noches para pensar.

Sin mirar el reloj, de pronto tengo la sensación de que es ya muy tarde y de que el camarero que ha empezado a recoger las últimas mesas no va a ser la inspiración para mi próxima vida.

Sin embargo, me invade una pereza horrible. Caminar hasta casa mirando de reojo a mi espalda, abrir el portal, quitarme la ropa y calentar las sábanas frías impone una cotidianidad en mi mundo que me abruma.

Pago con las vueltas de todo el día y salgo a la calle. Está helada y resbalar es fácil. Veo un león dibujado en un cartel iluminado y me preguntó qué haría si ahora saliera uno a mi encuentro. Entonces recuerdo que soy invisible y no me podría hacer nada que me importara.

Una voz dentro de mí me llama mentirosa. Las lágrimas empiezan una a una a dibujar toboganes por mi mejilla. Así, mientras rompo con mis pasos el silencio de las calles y reconozco como mío un trozo de mi corazón empiezo a temer al león.

Al mismo tiempo que me doy cuenta de que la vida aún tiene cosas para quitarme, también alcanzo la certeza de que existen aquellas por las que vivir.

Entonces me invade el sueño, empiezo a pensar en el protagonista de mi próxima novela…

El rincón de la mujer emprendedora

jueves, 18 de junio de 2015

Cuántas cosas perdemos, por miedo a perder

A veces, el temor nos invade y nos sumerge en su atmósfera. Y así, atrapados por él, todo a nuestro alrededor se ve diferente, se nubla. Como si tuviéramos unas gafas empañadas puestas y nuestra visión se manchara por pequeñas o grandes motas.


Son las manchas del miedo, las manchas de las suposiciones, de nuestros “y si…”, “quizás…” o nuestros deberías… colocándose a menudo como obstáculos en nuestro camino.

¿Cuántas veces no hemos avanzado por ello?…¿Cuántas cosas hemos perdido por miedo a perder?

Y es que ocurre que a veces, el pañuelo que utilizamos para limpiarnos esas motas, en lugar de quitarlas, nos ensucia cada vez más. Pues la solución, estrategia o alternativa que hemos elegido, en lugar de apaciguar nuestro miedo, lo alimenta y lo hace más fuerte.

Como cuando le dices a alguien que está enfurecido que se calme, aumentando su ira por momentos o cuando nos decimos a nosotros mismos que no pensemos en lo que nos hicieron o en la situación que nos preocupa, y acabamos aumentando más nuestro grado de preocupación.

Estas motas que aparecen nos hacen parecer miopes ante las circunstancias que nos suceden y andamos entre la neblina, dando tumbos, a medio camino entre la confusión y la incertidumbre.

Otras veces, parece que echamos un pulso contra el miedo… luchamos y luchamos contra él, de mil y una manera diferentes pero que casi todas nos llevan a la derrota y al desgaste, porque al miedo más que golpearlo, es necesario comprenderlo y aceptarlo, para descubrir que nos está sucediendo.

El miedo hay que sentirlo para saber que nos dice, pero sin extremos.

Y en ocasiones, es el propio miedo al miedo el que nos atrapa y nos quedamos con las manchas de las expectativas y las suposiciones; imaginándonos un futuro incierto pero tan vivo para nosotros en esos momentos, que da miedo… y es cuando empezamos a perder cosas, personas o vivencias por miedo a perderlas…

Por miedo a perder, has podido cambiar tus elecciones. Por miedo a perder, has podido quedarte donde estás y conformarte; por miedo a perder, en lugar de arriesgarte, te has quedado en la seguridad de lo conocido… por miedo a perder, has optado por el silencio en lugar de las palabras; por miedo a perder, has hecho tantas cosas para no perder a algo o a alguien, que en ocasiones, han sido justo las condiciones que lo han provocado o que incluso, te han hecho perder tus objetivos…

Nunca dejes de

hacer nada

por miedo a perder

Ten en cuenta que el miedo surge ante lo desconocido, ante la creencia de que no podemos controlar algo, a alguien o a nosotros mismos.

El miedo nos hace perder

y el perder nos da miedo

El miedo, nuestro temor, tan solo es una señal que nos indica que algo está sucediendo dentro de nosotros, pero no hay que dejarse doblegar por ello.

El miedo es una proyección del futuro, es el poder de nuestra imaginación en marcha, anticipándonos a las situaciones y a nuestras vivencias, seguramente porque una vez no ocurrió como esperábamos.

El miedo a perder está ubicado en un futuro que no existe y que tan solo le damos fuerza desde nuestra mente, imposibilitando la consecución de nuestros sueños y perdiendo las infinitas posibilidades.

El miedo a perder conlleva una vida llena de pérdidas, de todas esas que no intentamos, perdiéndonos la vida misma, pues ésta solo ocurre en el presente, siendo el futuro un misterio.

Vivir en el miedo es no permitirse vivir, desaprender la posibilidad de vivir desconectando de lo que ocurre aquí y ahora.

Por lo tanto, ¡lánzate a vivir!

No te aseguro que no tengas perdidas, eso es imposible, pero habrás aprendido a vivir aun a pesar de ellas, a luchar por lo que quieres y lo más importante, a no traicionarte a ti mismo.

De lo contrario, ¿cuánto estás dispuesto a seguir perdiendo?

El rincón de la mujer emprendedora

martes, 16 de junio de 2015

Me alejo de tí... No me convienes

Me alejo de ti porque no le convienes a mi mente ni a mi corazón, porque dañas mi alma y eso… no me gusta. Te dejo partir y te deseo lo mejor, porque no quiero guardar feos rencores; no quiero que mi voluntad se inunde de sentimientos que solamente me dañan a mí.



Creía que eras un amigo, un buen vecino, un buen amor o un buen compañero de trabajo… pero al final mandó el tiempo, el que nos va marcando el día a día y he ido sintiendo como solo aportabas negatividad a mi vida y yo… yo me aprecio, me estimo, me quiero y porque dicen que “la caridad bien entendida empieza por uno mismo” no quiero, ni debo, ni puedo “seguir bailándote el agua” como un joven lazarillo que sigue a su despótico amo…

Porque a estas alturas he entendido que no me importa lo que piensen de mí, porque solo me importa sentirme bien conmigo mismo sin dañar a nadie… así es que me alejo “cantando bajito”… son discusiones, sin peleas, sin malos entendidos…

Pero sigue tú tu camino que yo seguiré el mío. Senderos que se bifurcan

Siempre te respetaré, porque el respeto forma parte de la manera en que entiendo la vida. De nada me sirve y nada me aporta mirarte con malos sentimientos. No quiero eso para mí, porque eso solo ensucia y endurece mi alma…

Por eso y porque no me gustan las guerras ni las armas ni los combates en el que siempre sale alguno herido, me voy en son de paz. Así me siento más feliz, siento que mi alma está limpia y sin rencores

Solo quiero rodearme de aquello que me aporta felicidad.

No quiero hacer nada por “compromiso”, a partir de ahora el compromiso lo tengo conmigo mismo… ¡el compromiso de ser feliz!

¿Cómo reconocer que estás ante una persona tóxica?

1. Te sientes incómodo porque…

2. Hacen comentarios hirientes sobre los demás o sobre ti con frecuencia.

3. Quieren quedar siempre por encima de los demás

4. Les gusta ridiculizar o menospreciar a los más débiles

5. No saben animar a los demás ni escuchar, sólo sus problemas importan

6. No se alegran de las cosas buenas que les suceden al resto

7. Hay distintos tipos: derrotistas, melancólicos, deprimentes, negativos, cínicos, chismosos, catastrofistas, envidiosos, autoritarios, culpabilizadores, egoístas, o incluso pueden tener un buen número de estos rasgos.


9. Siempre tienen que ser los protagonistas de todas las conversaciones

10. No suelen guardar secretos o rompen sus promesas.

¿Cómo lidiar con personas tóxicas?

1. Apoya la seguridad en ti sobre la idea de que solamente pueden hacerte daño si tu lo permites.

2. Mantén las distancias o incluso rompe la relación con ellos.

3. No te dejes llevar por su negatividad; si vas de viaje igual te hablan de lo que te puede pasar, si vas a emprender un nuevo trabajo te dirán que estás haciendo lo equivocado… y siempre siguen así su espiral.

4. Conoce a personas nuevas que te hagan creer otra vez en el ser humano, sé positivo en este sentido.

5. Evita las discusiones y los rencores no te llevan más que a un malestar interior.

6. No dejes que invadan tus pensamientos, hazte consciente de que está ocupando demasiado tu mente con esa persona, dí ¡basta! Deja que se marchen de tu interior sin ruidos ni estridencias.

7. No le des demasiada importancia y usa el sentido del humor, sin duda es un buen aliado.

8. Aprende poco a poco que a lo largo de la vida te vas a encontrar muchas personas de este tipo: en el trabajo, en la familia, entre el grupo de amigos… No te dejes arrastrar por ellos.

El rincón de la mujer emprendedora