martes, 12 de abril de 2016

Mujeres licenciadas de 35 años, las mejores emprendedoras en la Red

Internet es un lugar excepcional para desarrollarse social y laboralmente. Y esa lección la tienen muy bien aprendida las mujeres. El perfil de emprendedor que mejor emplea las redes sociales y las herramientas de Internet para su demostrar sus aptitudes es el de una mujer con licenciatura y unos 35 años. Eso es lo que dice Juan Merodio, experto en redes sociales, web 2.0 y marketing on line.


"Día a día aumenta el porcentaje de mujeres  que a través de las redes sociales encuentran los canales con los que posicionarse como expertas, emprendedoras o profesionales liberales", asegura Merodio, autor del libro 'Trabaja con Red'.

Mujeres 2.0
Merodio apunta también que las mujeres no sufren en Internet la discriminación laboral que se vive en determinados sectores y ámbitos. Las redes sociales, dice, "dan las mismas oportunidades a mujeres que a hombres. En ellas solo hay que demostrar la valía que se dice tener y dar los servicios que se ofrecen como expertos. El universo digital no pone barreras".

Pero las mujeres no solo usan Internet como herramienta laboral, sino que también y mucho- con fines sociales. Según Merodio, la curiosidad y don de comunicación de las mujeres se hace patente en la Red. Somos nosotras, según las estadísticas, las que más tiempo pasamos navegando para contactar con personas, compartir aficiones, debatir o generar contenido. La Red tiene nombre de mujer.

Autora: Esther Ruiz
Redactora de Diario femenino 

El rincón de la mujer emprendedora

lunes, 11 de abril de 2016

Sin preguntas..

El rincón de la mujer emprendedora

A partir de hoy lunes

Y durante 30 días voy a seguir esta dieta que me han recomendado.

¿Quieres hacerla junto a mi?



El rincón de la mujer emprendedora


viernes, 8 de abril de 2016

El harén de la talla 38


La escritora marroquí Fátima Mernissi describe en su libro El harén en Occidente, la perplejidad que vivió el día que, por primera vez, fue a una tienda de Estados Unidos con la intención de comprar una falda. Explica que también fue el día que escuchó por primera vez que sus caderas no iban a caber en la talla 38: “A continuación viví la desagradable experiencia de comprobar cómo el estereotipo de belleza vigente en el mundo occidental puede herir psicológicamente y humillar a una mujer”.

–¡Es usted demasiado grande!, le dijo la dependienta
–¿Comparada con qué?, respondió Mernissi


Asegura la escritora que tras pensar en su sobrina –delgadísima–, que tenía 12 años y usaba la talla 36, se dio cuenta del paralelismo entre las restricciones patriarcales en oriente y occidente. Así, explica que el hombre musulmán establece su dominación por medio del uso del espacio. A las mujeres se las excluye de los lugares públicos y en los más privados –las mezquitas o las casas–, se las separa en habitaciones o zonas bien diferenciadas. El occidental, según Mernissi, lo que manipula es el tiempo. “Afirma que una mujer es bella sólo cuando aparenta tener catorce años. (…) Al dar el máximo de importancia a esa imagen de niña y fijarla en la iconografía como ideal de belleza, condena a la invisibilidad a la mujer madura. Las mujeres deben aparentar que son bellas, lo cual no deja de ser infantil y estúpido. (…) El arma utilizada contra las mujeres es el tiempo. (…) La violencia que implica esta frontera del mundo occidental es menos visible porque no se ataca directamente la edad, sino que se enmascara como opción estética”.

Mernissi asegura que, en aquella tienda, no sólo se sintió horrorosa, sino también inútil. Y expone el mecanismo, idéntico al utilizado con el velo en el mundo musulmán o contra las mujeres en la China feudal, a quienes se les vendaban los pies. “No es que los chinos obligaran a las mujeres a ponerse vendajes en los pies para detener su crecimiento normal. Simplemente definían el ideal de belleza”. Es decir, no se obliga a ninguna mujer a hacerse una operación de cirugía estética o a pasar hambre, simplemente, se rechaza a quien no entra en el modelo impuesto. Sólo un modelo idéntico para todas porque las mujeres, en el patriarcado, son la mujer, en singular, lo que quiere decir, todas iguales.


Es lo que Pierre Bourdieu llamó la violencia simbólica: “La fuerza simbólica es una forma de poder, que se ejerce directamente sobre los cuerpos y como por arte de magia, al margen de cualquier coacción física; pero esta magia sólo opera apoyándose en unas disposiciones registradas, a la manera de unos resortes, en lo más profundo de los cuerpos”.

El “arte de magia” tiene unos estupendos instrumentos a su servicio en los medios de comunicación, la publicidad, las entrevistas de trabajo, el cine, la música, la pornografía… y consecuencias dramáticas en mujeres frágiles e inseguras, sumisas a los modelos corporales; mujeres anoréxicas, bulímicas, operadas, hambrientas y consumidoras de cualquier producto que prometa belleza y juventud en siete días. Frente a todo esto, la propuesta de Germaine Greer: la mujer completa, definida como una mujer que no existe para dar cuerpo a las fantasías sexuales masculinas ni espera que un hombre la dote de identidad y estatus social, una mujer que no está obligada a ser bella, que puede ser inteligente y que adquiere autoridad con la edad. Porque como explica Wolf, los cosméticos sólo son un problema cuando las mujeres se sienten invisibles o inútiles sin ellos. Igual que cuando se sienten obligadas a adornarse para que las escuchen o para conseguir un empleo o mantenerlo. Lo mismo que la ropa deja de ser crucial cuando las mujeres tienen una identidad sólida. En un mundo en el que las mujeres tengan verdaderas opciones, lo que hagan respecto de su propio aspecto pasará a tener una importancia muy relativa.

El rincón de la mujer emprendedora

miércoles, 6 de abril de 2016