lunes, 3 de agosto de 2015

¿Qué hacer para vencer la desmotivación?

A veces, parece tan difícil mantener el enfoque en lo que hacemos que sería mejor irnos de la oficina o dejar para otro día la tarea que estábamos realizando.

Cuando no estamos motivados o concentrados todo parece que cuesta el doble o el triple… Nos detenemos cada dos minutos, suspiramos e intentamos que vuelvan las ganas de continuar… pero parece que éstas de vez en cuando, se van de vacaciones.



Cuando queremos lograr un objetivo y no podemos enfocarnos no sólo nos sentimos abrumados y tristes, sino que también nuestros niveles de ansiedad y estrés van en aumento.

La motivación es el combustible que necesitamos para impulsar nuestra conducta, el motor que nos ayuda a avanzar, una pieza clave del rompecabezas que denominamos “proyecto”. También nos sirve para ser más productivos, creativos y hasta felices.

Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto estar motivados y resulta tan fácil perder el rumbo?

La desmotivación puede convertirse en una gran bola de nieve

Esta metáfora es muy interesante y se ajusta a la situación. Por supuesto que cuando no ponemos atención a lo que hacemos tardamos más en terminarlo. Y no sólo eso, los asuntos restantes se van acumulando y acumulando…

Pero en lugar de que esta situación se convierta en un nuevo desafío para nosotros, miramos la cantidad de papeles o la lista de tareas por hacer y nos es muy difícil “ponernos las baterías” y empezar a trabajar como corresponde.

La desmotivación suele estar relacionada con la falta de interés hacia la meta o bien, a no haber determinado correctamente el objetivo a lograr.

Si no sabemos hacia donde nos dirigimos… ¿cómo podemos decidir qué dirección tomar?

A continuación os ofrecemos las principales razones que nos llevan a la desmotivación y cómo podemos combatirlas, aunque a todo ello hay que añadirle el ingrediente más importante la persistencia:

-El miedo: si bien puedes creer que estás seguro con tus metas, quizás si te pones a bucear en tu interior te des cuenta de que estás temblado del susto. Si tienes que explorar un nuevo territorio y salir de tu “zona de confort” puede que experimentes esta sensación.

Te sentirás como si fueras a dar un paso al vacío y por ello no quieres o no puedes seguir avanzando. Esta es una manera de desmotivarse. Para evitar que esto suceda es preciso detectar los temores y diseñar una estrategia que te permita ir peldaño a peldaño, avanzando lento pero seguro.

¡Planifica tus objetivos!

-Las metas erróneas: como hemos dicho antes, si los objetivos no son claros o no estamos de acuerdo con ellos, nos puede costar más cumplir con las tareas asignadas por los demás o por nosotros mismos.

Si cada vez es más difícil que te focalices en el trabajo, quizás la razón es que no estás en sintonía con los preceptos de la empresa o que prefieras estar en otro lugar.

Revisa cuales son las metas a cumplir y en el caso de que no sean propias, siempre podrás darles una “vuelta de tuerca” para satisfacer tus necesidades.

-El exceso de futuro: esto quiere decir que si estás demasiado ensimismado en lo que ocurrirá mañana, no podrás nunca hacerte cargo de las cosas del hoy. 

Mientras estás realizando una actividad tu mente debe estar centrada en ella y en nada más. Si por el contrario piensas en la lista de la compra, en la salida del fin de semana, en las tareas domésticas, en la fecha en que recibirás tu paga, en el examen de la próxima semana, en la cita de la noche… te será muy difícil permanecer motivado.

Recuerda que lo que haces en el presente te tiene que servir para cumplir lo que harás más adelante. Si tienes tantas cosas que hacer cuando termina tu jornada laboral, entonces ¡pon manos a la obra y termina de una vez tus obligaciones! Luego te quedará tiempo libre para disfrutarlo como deseas.

-El cansancio: en cierta época del año o por temporadas, no podemos concentrarnos en nada. Más allá de la ansiedad por estar en la playa, la montaña o durmiendo hasta tarde,la desmotivación aparece cuando estamos demasiado cansados.

¡Hemos acumulado presiones por mucho tiempo! Dormir bien es el mejor consejo en estos casos. Permite que el cerebro esté alejado de tanta saturación de información. Verás qué fácil es concentrarte y lograr que el tiempo pase rápido. ¡Tus días de descanso llegarán antes de lo esperado!

El rincón de la mujer emprendedora

jueves, 30 de julio de 2015

¿Qué sucede cuando juzgamos a los demás?

“El alma siempre tiende a juzgar a los otros por lo que piensa de sí misma”

Aunque no lo creamos, juzgar a los demás es algo más que habitual. Algo que resulta contradictorio cuando muchas veces solicitamos que, por favor, dejen de juzgar nuestros actos, nuestras acciones; pues juzgamos y nos juzgan constantemente, sin poder evitarlo.



Pero el daño que causa juzgar es algo en lo que debemos pensar y reflexionar.Debemos ver en nuestro interior, mirarnos a nosotros mismos y dejar de invertir tanto tiempo en ver lo qué hacen, cómo lo hacen, por qué hacen ciertas cosas el resto de las personas.

¿Cuántas veces te han juzgado equivocadamente? Seguramente, muchas. Por eso, debes evitar juzgar a las demás personas. Respeta lo que los demás hagan y decidan, porque a lo mejor eso que tanto criticas, tarde o temprano tú también lo harás. Entonces serás tú quien será juzgado.

Tu perspectiva ¡no es la única!

En muchas ocasiones, no nos permitimos ponernos en el lugar de los demás. Nuestra visión es la única válida y esto nos impide ver más allá y comprender otras perspectivas diferentes.

¿Quién te dice que tu forma de ver las cosas sea la correcta? Permítete dudar, aceptar que ambas posturas pueden ser correctas y que esto no hace a una mejor ni peor. No siempre tienes la razón. Puedes estar equivocada y juzgar los actos de alguien puede llegar a ser equívoco.

Cuando juzgamos a los demás, no conocemos toda la historia que hay detrás de esa persona

Solo hace falta que te fijes en ti mismo. ¿Cuantas personas hay que no saben por todo lo mal que lo has podido pasar?

No intentes buscar visiones mejores y peores, ¡todas son válidas! Pues lo que a lo mejor hoy te provoca rechazo, mañana puede agradarte.

Abre tu mente y permítete descubrir nuevas perspectivas con las que podrás ampliar la visión del mundo. Empieza a ser una persona abierta y tolerante. Esto te hará ser una mejor persona y te permitirá entender mejor a los demás.

Tus actos te definen

Cuando juzgas a alguien, te estás definiendo a ti mismo. Puedes dar tu opinión, pero criticar o no entender a esa persona ¡no la van a ayudar! ¿Estás haciendo algo bueno por ella?, ¿qué pretendes realmente?

Cuando juzgamos, realmente no tenemos motivo alguno más que hacer que los demás vean el mundo como nosotros lo hacemos. Esto está bien y esto está mal, pero ¿es así realmente?

Las diferencias no son algo negativo, sino algo que nos ayuda a abrir la mente ante situaciones varias. No puedes pretender que alguien piense o actúe como tú. Como ya mencionamos anteriormente, no hay nada mejor ni peor.

Juzgar a alguien puede hacerle mucho daño a esa persona. Piensa en una situación en la que te hayan juzgado a ti. ¿Te ayudaron?, ¿te hicieron sentir mejor?, ¿escoger el sendero que te mandaron te hizo más feliz?

El rincón de la mujer emprendedora

lunes, 27 de julio de 2015

¿Para qué te castigas, si no sirve de nada?

El auto-castigo no sirve de nada. Ese enfado irracional con una misma, esa manera de tratarse con desprecio cada vez que se siente vergüenza o falta de control o cada vez que se fracasa o se experimenta el rechazo de los demás, es inútil, y no es sano.



El auto-castigo implica también auto-lesiones, insultos a una misma, aislamiento y sentirse indigna de los demás. Pero con eso tampoco arreglamos nada.

Puede que lo sepas, pero aún así no sabes qué hacer para dejar castigarte a ti misma, cómo salir de ese círculo de auto-ataque destructivo para encaminarte hacia un patrón constructivo de conducta.

¿Por qué es tan difícil dejar de castigarse?

El auto-castigo es tan persistente porque es una defensa contra el dolor de la vida. Y la vida está llena de dolor.

Todas tenemos necesidades fuertes de conectar con otros, de ser aceptadas, de alcanzar el éxito y la aprobación. Pero nos enfrentamos a la realidad de que, a veces, los demás nos rechazan, se decepcionan con nosotras y ponen sus necesidades por delante de las nuestras. Las personas que amamos sufren y mueren, y nuestros sueños no siempre se hacen realidad.

Cuando sentimos este dolor sacamos energía porque estamos dispuestas a hacer algo al respecto. Esta energía puede ser experimentada internamente en forma de ira o rabia. Esto nos motiva para buscar la paz interior y superar el dolor, nos impulsa a salir y volver a intentar conseguir lo que queremos o necesitamos.

Sin embargo, cuando somos una y otra vez derribadas, ignoradas, despreciadas o atacadas por tratar de satisfacer nuestras necesidades, puede aparecer la necesidad del auto-castigo. Lo mismo puede ocurrir si descuidamos la búsqueda de esa paz para superar el dolor.

Esto provoca que la persona pueda sentirse insegura o inútil, y coge esa rabia y esa ira y la vuelve contra sí misma. En ese momento, se empieza a pensar en una misma como la causa del problema. La culpa hace que se rechace a sí misma y que sienta la necesidad de castigarse.

¿Por qué el auto-castigo no sirve de nada?

Esos auto-ataques no son vistos como una amenaza, sino como una forma de esperanza que espera que mediante el dolor se mitigue el problema. Pero esos castigos no solucionan nada, y te dejan abatida y aislada.

El rincón de la mujer emprendedora

sábado, 25 de julio de 2015

La mujer cada día más segura

Las mujeres cada día se sienten más fuertes y seguras para emprender.
Cada vez son más las mujeres que deciden abrirse camino en el mundo del emprendimiento. Y es que los datos nos dicen que lo hacen muy bien.

La mujer emprendedora
Siempre han sido generadoras de actividad económica pero lo cierto es que sus actividades no han sido siempre reconocidas. En pleno siglo XXI la mujer se ha convertido en una pieza fundamental del puzzle económico en España. Y es que las últimas cifras nos muestran una tendencia creciente de mujeres que, por obligación o vocación, deciden sumergirse en la aventura de abrir su propio negocio. En el 2012 hubo un 23% más de emprendedoras respecto al curso anterior.


En una sociedad en la que la igualdad entre hombres y mujeres es indiscutible a nivel teórico, en la práctica, los datos nos dicen que no es así. Las mujeres emprenden menos que los hombres, entre otras cosas, porque encuentran más dificultades en el camino. Las más importantes son la conciliación de la vida familiar y laboral y las dificultades para financiar sus proyectos. Además existe un claro desconocimiento de la realidad de estas mujeres así como escasos programas de apoyo y formación.

Según un estudio de la Cámara de Comercio de Zaragoza, el 80% de las emprendedoras tienen menos de 45 años. La mayoría de ellas buscan un camino diferente a la contratación clásica, una oportunidad para dedicarse a lo que les gusta. Todo ello, en medio de una negativa coyuntura económica. Esperanzadora resulta la tendencia positiva que experimenta el emprendimiento en mujeres con edades superiores a las 45, llegando a superar el 17%. Y es que montar su propio negocio se ha convertido en una manera de rentabilizar su madurez y de sacarse “las castañas del fuego”.
Pero ¿cómo son las empresas que crean las mujeres españolas? Son empresas más pequeñas, de menor envergadura que las creadas por hombres. Y es que a la hora de emprender, las mujeres son menos ambiciosas y más realistas que éstos. Se decantan especialmente por estética, enseñanza o pequeñas tiendas de venta al público. Además, cada vez es mayor el número de emprendedoras que deciden montar su negocio únicamente online, con el fin de poder trabajar desde el propio domicilio, compatibilizando vida familiar y laboral. Además, El 62% de las mujeres consideran que las nuevas plataformas de trabajo 3.0 constituyen una excelente alternativa para generar nuevos ingresos.

A nivel internacional podemos decir que las mujeres españolas "dan la talla". En nuestro país ellas ponen negocios propios más de lo que lo hacen las alemanas, japonesas y francesas, aunque menos que las estadounidenses o británicas.

La asignatura pendiente la encontramos cuando miramos al sector tecnológico. Un sector con más posibilidades pero que exige más dedicación, más financiación y más formación que el sector servicios. Las mujeres se muestran más conservadoras, se conforman con menos a la hora de emprender y les gusta ir a lo seguro. De ahí que sean muchas las que tienen cierto miedo a fracasar en el intento de abrirse camino en un sector algo más que complejo. Y es que si hay algo que caracteriza a las mujeres emprendedoras es el miedo a que sus ideas no salgan bien.
Eso sí, ellas tienen algunas ventajas frente a ellos. Han demostrado mayor resistencia en los porcentajes de cierre o traspaso. Únicamente el 14,3% de los autónomos que se perdieron en 2012 fueron mujeres, frente al 85,7% de varones. Ellas son las grandes compradoras y usuarias. Sopesan la parte personal y familiar, consiguiendo compaginarla en casi todos los casos ¿Lo más importante? suelen tener ideas más novedosas para poner en práctica, ya que captan mejor las necesidades latentes en el mercado.

Lo que está claro es que el autoempleo se está asentando como una sólida y estable opción laboral para las mujeres en España. Por todo esto, a día de hoy, podemos encontrar numerosos casos de éxito que marchan "viento en popa a toda vela".

El rincón de la mujer emprendedora

jueves, 23 de julio de 2015

VUELVE A EMPEZAR...

Aunque sientas el cansancio,
aunque el triunfo te abandone,
aunque un error te lastime,
aunque un negocio se quiebre,
aunque una traición te hiera,
aunque una ilusión se apague,
aunque el dolor queme tus ojos,
aunque ignoren tus esfuerzos,
aunque la ingratitud sea la paga,
aunque la incomprensión corte tu risa,
aunque todo parezca nada...
vuelve a empezar...
















El rincón de la mujer emprendedora

lunes, 20 de julio de 2015

Hay cosas que ya las doy por perdidas, aunque sepa dónde encontrarlas

Hay cosas que he dejado atrás y aunque sepa dónde encontrarlas sé que la vida es a veces un viaje sin retorno. Pero, no tengo miedo ni me arrepiento de nada, porque sé por lo que vale la pena luchar y reconozco también qué batallas son inútiles…Esas por las que no merece la pena salir herido.



¿Cuántas cosas has dado por perdidas en tu vida? En ocasiones cuesta verlas, cuesta darse cuenta de que cada esfuerzo que invertimos, cada aspecto al que renunciamos por determinadas personas o por algunos proyectos, son como las hebras del humo escapando por una ventana abierta.

La razón por la cual nos cuesta percibir que todo lo que hacemos en ocasiones no va a servir de mucho, es por el propio coste emocional. Por la ilusión, por los sueños, por las esperanzas. Son estas emociones positivas las que nos dan aliento cada día, y ellas las que más de una vez, nos ponen vendas en los ojos.

Hasta que llega la decepción, hasta que llega ese instante en que nos damos cuenta que la balanza de la vida está algo desequilibrada, que ya no nos queda nada, que no hemos recibido nada y que ese sueño, era un mal sueño.

¿Hemos obrado mal? ¿Hemos quizá de arrepentirnos por todo lo hecho? Nunca. Quién no lucha por sus sueños no es valiente, quien no batalla por sus ilusiones no alcanza la luna. Siéntete orgullosa por tu coraje, pero recuerda que una retirada a tiempo, también es de prudentes y de sabias…

Esas batallas inútiles en nuestra vida…

Empezaremos señalando algo importante: nadie sabe que una batalla o un sueño ha sido inútil hasta que la realidad, nos impacta con toda su crudeza. Hasta entonces, toda ilusión va a nutrir cada paso y cada pensamiento, cada esfuerzo y cada acto invertido.

No importa si estamos hablando de un trabajo, de una amistad o de una relación de pareja. La vida es una larga sucesión de momentos en los que ponernos a prueba, de capítulos de los que disfrutar, por los que luchar y de los que aprender. Porque aprender es esa clave vital que debe vertebrar cada día de nuestra existencia.

Es posible que hayas cometido errores y que a estas alturas, hayas dejado ya muchas cosas por perdidas. ¿Debes lamentarte por ello? En absoluto. Lamentar un error es alimentar la amargura por una elección hecha en un momento de nuestra vida.

Los errores se asumen, se entienden, se procesan y se integran en eso que llamamos “baúl de las experiencias”. Y si esos momentos vividos te traen malos recuerdos, no los alimentes cada día, no les lleves flores. Los recuerdos desagradables deben sustituirse por el aquí y ahora, por la felicidad de hoy.

Ninguna batalla es inútil porque es vida vivida y experiencia adquirida. No obstante, no olvides que lo más importante de todo esto es saber darnos cuenta lo antes posible de que ese proyecto, no merece nuestros esfuerzos. De que esa relación, no merece nuestras renuncias ni nuestro sufrimiento.

¿Cuándo es el momento de “dar algo por perdido”?


El rincón de la mujer emprendedora