sábado, 13 de junio de 2015

Me encantan las personas que dejan huella, no cicatrices

Hay personas que entran en tu vida y lo cambian todo, personas por las que vale la pena parar, respirar y valorar. Valorar lo que realmente importa. Los detalles, las pequeñas cosas, cosas como el agua del mar, las nubes, una mirada de esas que lo dicen todo, unos ojos como los suyos, el modo en el que sonríen, un abrazo infinito mezclado de sal, sus manos, despertar a su lado…



Hay personas que están hechas de acero inolvidable, personas que hacen que todo tenga sentido, incluso lo que no importaba hasta que las conocimos. Son personas auténticas que marcan un antes y un después en nuestra vida, que llegan como un soplo de aire fresco y que, si se van, permanecen como huella indeleble en nuestros recuerdos.

Hay una gran diferencia entre dejar huella o dejar cicatrices

Hay una diferencia enorme entre dejar huella o dejar cicatrices. Las cicatrices son señales de daño, de dolor, de heridas abiertas, de emociones que necesitamos limpiar y tratar. Las cicatrices son marcas que no elegimos tener y que nos recuerdan un dolor que se podía haber evitado.

Sin embargo, las huellas son marcas imborrables en la piel y en la memoria que nos hacen rememorar momentos de amor, de aprendizaje y de crecimiento.

Por lo tanto, no importa tanto la cantidad como la calidad de la gente que nos rodea. Si alguien nos hiere de manera sistemática, deberíamos plantearnos limpiar nuestro entorno, enfocar mejor y dejar que permanezcan relaciones que resulten en aportes y crecimientos mutuos.

Son personas que te abrazan y reconstruyen tu interior

“La manera de dar vale más que lo que se da.”

Los pequeños detalles otorgan significado al sentido de la vida, lo cambian todo, hacen de lo diario lo importante. Así, no se hace tan necesario lo que nos dan como la forma de darlo.

Digamos que, si te abrazan, logran recomponer tus partes rotas, te enseñan a vivir y a revivir tu interior. Las personas especiales no esperan a que las cosas sucedan, hacen lo que desean y persigue lo que quieren hasta que lo consiguen.
No se trata de dar pasos, sino de dejar huella

Cada persona que pasa por nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada
Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

Jorge Luis Borges

Hay personas que dejan una huella imborrable en tu corazón, porque ha habido un tiempo que has seguido un mismo camino con ellos. Y, aunque ya no estén contigo, nunca podrás olvidarlos.

No se esfuerzan por dejar esa marca, sino que aparece sin que te des cuenta. Son esas personas que te ofrecen otra visión de tu mundo, que te ayudan a cuestionarte tu pasado, tu presente y tu futuro.
Existen personas que nos dejan huella y otras que nos marcan para toda la vida

“La gente cree que un alma gemela es la persona con la que encajas perfectamente, que es lo que quiere todo el mundo. Pero un alma gemela auténtica es un espejo, es la persona que te saca todo lo que tienes reprimido, que te hace volver la mirada hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Una verdadera alma gemela es, seguramente, la persona más importante que vayas a conocer en tu vida, porque te tira abajo todos los muros y te despierta de un portazo. Pero, ¿vivir con un alma gemela para siempre? Ni hablar. Se vive demasiado mal. Un alma gemela llega a tu vida para quitarte un velo de los ojos y se marcha.”

Elizabeth Gilbert

Por eso, un alma gemela es una especie de salvavidas. Llegan por casualidad, o tal vez de manera intencionada, y te cambian para siempre. Te abren los ojos, te hacen ver lo que duele, lo que puede llegar a doler y lo que tiene un significado maravilloso.

Sin embargo, con ellos al lado, nada duele tanto. Porque las personas que dejan huella no ocasionan daños permanentes, no se dedican a marcarte porque sí. Y, aunque pongan tu vida patas arriba y eso te incomode, si pones en tu diccionario la palabra Suerte, aparecerán ellos.

El rincón de la mujer emprendedora

viernes, 12 de junio de 2015

Nuestro semáforo está en luz roja

“Cuanto más tranquilo se vuelve un hombre, mayor es su éxito, sus influencias, su poder. La tranquilidad de la mente es una de las bellas joyas de la sabiduría”

¿Te imaginas la vida sin semáforos? Es decir, sin nada que te detenga, que te diga cuando puedes avanzar, cuando esperar y cuando quedarte quieto. Esas luces de tres colores que están en las esquinas de las grandes ciudades y suelen usarse para manejar el tránsito, también se encuentran en nuestro día a día.


Es que el simple hecho de encontrarnos con algo que nos detiene, no nos permite seguir adelante. ¿Cómo? Claro, porque en ese caso, las barreras son autoimpuestas. Y nada ni nadie debería decirnos cuando podemos hacer realidad nuestros sueños. Apostar por ellos.

Cuántos más semáforos hay, más problemas de circulación padecemos. ¿Por qué? Porque el ser humano no ha nacido para ser un esclavo de la luz roja, amarilla y verde, como así tampoco de alguien “superior” que nos esté supervisando todo el tiempo.

En ciertos pueblos se han hecho estudios quitando además de los semáforos, las señales de tránsito y hasta las comisarías. ¿El resultado? Menos accidentes, menos embotellamientos y menos delitos.

¿Si probáramos un día “vivir sin semáforos”?

Ser libres de decisión, sin molestar al otro, contar con nuestra decisión por sobre cualquier cosa, evitar cumplir aquellas reglas que nos han impuesto desde hace tiempo y que no nos hacen felices…

El problema de que haya una luz roja en el semáforo es que luego, al cambiar a verde, todos quieren salir corriendo porque ya tienen “el permiso”. Es como cuando llegan las vacaciones de verano y millones de personas se agolpan en la carretera, se pisan en la playa, hacen fila en un restaurante (nada más alejado de la realidad que la idea de que se viaja para descansar).

No seamos aves enjauladas, no esperemos a que la luz esté en verde para hacer lo que queramos, todos tenemos derecho a ser felices cuando así lo deseamos. Rompe las reglas de vez en cuando, no seas como todos los demás, no te conformes con avanzar sólo cuando te lo indiquen. No estamos diciendo que a partir de ahora tienes que ir por la vida haciendo “lo que se te de la gana”, pero tampoco vayas al otro extremo y sólo actúes cuando alguien te lo indica.

¿Qué pasaría si quitaran todos los semáforos del mundo? ¿Crees que habría únicamente caos, accidentes, gritos y bocinazos?

Todo lo contrario, la gente aprendería a respetar su lugar y su momento, habría más solidaridad y menos problemas. 

¿No te ha ocurrido alguna vez que al intentar cruzar (ya sea andando, en bicicleta, en coche o en autobús) una calle sin señalización y tardar menos tiempo que si hubiera habido un semáforo?

Las personas no sabemos actuar cuando nos dicen que hacer, tampoco podemos ir todos al mismo ritmo. Entonces, lo mejor es que no haya una luz (o tres) que nos digan cuando avanzar y cuando detenernos. Llevemos esta teoría al plano personal.

Si en este momento quisieras estar en “stand by” y no pensar en tus proyectos, ¿por qué tendría que venir alguien a darte luz verde cuando quieres estar en amarillo o rojo? Y lo contrario si estás con toda la voluntad del mundo para avanzar y cumplir tus metas, ¿Quién puede indicarte que te detengas, dejes pasar a todos los demás y luego sigas adelante?

Lo mejor de todo, es que si no nos preocupamos por las señales de tránsito (o de vida), podremos enfocarnos en otras cosas más interesantes y valederas.

Así como no hace falta irse a vivir al campo o a un pueblo que ha quitado los semáforos para transitar mejor por la calles, tampoco deberíamos hacerlo para avanzar en nuestros proyectos o evitar que alguien nos indique cuando avanzar o cuando detenernos.

El rincón de la mujer emprendedora

jueves, 11 de junio de 2015

No permitas que alguien te arrastre hacia su tormenta

-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿a quién pertenece el obsequio?

-A quien intentó entregarlo- respondió uno de los alumnos.

-Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.


No permitas que te conviertan en un monstruo. No dejes que la gente te arrastre y apague tu luz, no permitas que te provoquen y, por supuesto, nunca consientas que penetren en ti sus demonios.

No existen ofensas, sino los ofendidos

“Sufrir una ofensa no es nada, a no ser que nos empeñemos en recordarla” 

Cada persona da a los demás lo que posee dentro, sea o no agradable. Sin embargo, no son los demás los que nos dañan, sino que somos nosotros los que damos validez a sus opiniones y a sus acciones.

Nadie puede hacerte daño sin el consentimiento de tu Yo interno, lugar en el que está el pilar que sostiene tu arquitectura emocional. Dicen que el mejor desprecio es no hacer aprecio, que la indiferencia es el mejor castigo y la mejor arma para luchar contra los ataques, sean gratuitos o no.

Que el viento se lleve las palabras…

Tu peor enemigo no es quien te hizo daño, eres tú quien replica ese mal miles de veces

Simplemente, podemos dejar que las palabras se las lleve el viento o que permanezcan con nosotros. Es decir, para que las palabras te hagan daño les debes de dar sentido. Ese simple acto es un reflejo de tu estado interno, de tu ser. Piensa que tienes la libertad emocional en una mano y la esclavitud en otra, es obvio cuál te satisface más.

¿Por qué no responder a una provocación?

“Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”

Descontrolarnos y hacer uso de nuestra ira no nos lleva a ningún buen lugar, ya que solo consigue echar más leña al fuego y hacer que ardamos. La honestidad con uno mismo, la templanza y la autoconfianza son herramientas indispensables que se aprenden por ensayo y error.

Así, si dejamos que lo negativo acceda a nuestro interior, nunca nos sentiremos plenos ni libres. En definitiva, la única diferencia entre tener un día bueno o un día malo es la actitud con la que asumimos la situación.

En ocasiones, las personas nos cargamos de dolor, de envidia y de rabia. Son males que fácilmente se convierten en parásitos, viviendo en nuestra casa a nuestra costa.

Lo rápido y lo sencillo es optar por el camino que nos marquen las tormentas que los demás llevan sobre su cabeza, haciéndonos perecer. Sin embargo, lo complicado y lo lento es mucho más duradero y satisfactorio.
A palabras necias, oídos sordos

La mejor defensa es siempre un buen ataque en el punto en el que más duele. Por eso, no accedas a las provocaciones, pues les estarás dando el gusto a quienes intentan molestarte, a quienes te envidian o te acosan. Ignorar es responder con inteligencia.

No hay que hacer caso a la gente que habla sin conocimiento o que pretende hacernos daño con sus palabras y sus actos. 

Recuerda:

Mereces que te amen, no que te lastimen. Mereces respeto, cualquier persona lo merece. Puedes permitirte perder todo en la vida, menos la dignidad. Eso es lo que realmente te hace daño, no lo permitas nunca. Si sientes que ya la perdiste, recuerda que nunca es tarde para recuperarla. Y nunca te olvides… ¡Quien no te valora, no te merece! 

El rincón de la mujer emprendedora


miércoles, 10 de junio de 2015

Se buscan 8 Enfermeras para Trabajar en Kalmar, Suecia

REQUISITOS:

*Nacionalidad Española u otra Europea
*Certificado de Enfermería General.
*Vivir en Madrid
*Disponibilidad para realizar curso de sueco


MÉRITOS:
*Experiencia
*Otros cursos relacionados con la carrera

OFERTA DE EMPLEO:
*Contrato directo y permanente con el hospital público en Suecia
*2500€/Mensual aprox.
*5 Semanas de vacaciones
*Ayuda y asistencia para mudanza e integración
*Viaje a Suecia

GARANTIAS LEGALES DEL TRABAJADOR EN SUECIA:
*Uniforme y ropa de trabajo
*40hrs de trabajo
*80% de salario en caso de enfermarse
*Seguro de trabajador
*1,5 años libre para estar con hijos recién nacidos
*Bono para la salud

Los candidatos que cumplan con los requisitos asistirán a una conferencia en Madrid donde se les presentara el personal de Recursos Humanos de los hospitales públicos en Suecia y se les brindara información y detalles sobre el puesto de empleo al igual que el procedimiento de reclutamiento.

Para más información visita

Tod@s l@s interesad@s debéis enviar vuestro CV a: toscano@skandinaviskvardrekrytering.se con el asunto 5EGM3072015

El rincón de la mujer emprendedora

lunes, 8 de junio de 2015

Merezco a alguien que me quiera

“La gente cree que un alma gemela es la persona con la que encajas perfectamente, que es lo que quiere todo el mundo. Pero un alma gemela auténtica es un espejo, es la persona que te saca todo lo que tienes reprimido, que te hace volver la mirada hacia dentro para que puedas cambiar tu vida. Una verdadera alma gemela es, seguramente, la persona más importante que vayas a conocer en tu vida, porque te tira abajo todos los muros y te despierta de un portazo. Pero, ¿vivir con un alma gemela para siempre? Ni hablar. Se vive demasiado mal. Un alma gemela llega a tu vida para quitarte un velo de los ojos y se marcha.”


Me merezco a alguien que me quiera, no a alguien me cuente lo que quiera.

No merezco ser abandonada ni estar desatendida. Exijo tener a alguien que me abrace cada día, que me dé calor, que me cuente sus cosas y que piense en alto cuando está conmigo.

No pido a nadie perfecto, yo misma estoy llena de defectos. Lo que quiero es aceptar esos defectos, darles la vuelta, mejorar y, si es necesario, cambiar.

De la misma forma, quiero a alguien que se quiera, que no se sienta sucio ni estúpido ni incompetente. Es muy importante para mí que esa persona se crea que tiene las de ganar en la vida, que puede luchar y que es fuerte.
No quiero a la persona más bonita del mundo, quiero a la persona que más bonito haga mi mundo

Quiero tener en mi interior a la persona por la que cada día sea un nuevo comienzo, a la que pueda contemplar en el espejo y sonreír, una persona que no tenga complejos, que me quiera y que se quiera.

Exijo tener una de esas relaciones repletas de detalles, de romanticismo y de acaramelamiento. Quiero y exijo que el mundo deje de existir cuando nos metamos en nuestra burbuja, mientras sentimos en la piel la brisa de un mar imaginario sin miedo a que nos atrapen las olas.

Me merezco un amor de película

“En la vida, todo es amor. Si uno ama está vivo, si crea amor, las cosas buenas forzosamente llegan”.

Merezco un amor de película que dure toda la vida y que si tiene que cambiar que cambie, pero que permanezca a mi lado porque yo lo valgo. Es que no lo puedo evitar,quiero uno de esos amores eternos que nunca se rompen y que permanecen unidos más allá de la muerte.

Me gustaría que la gente se nos quede mirando y piense “¡Cuánto se quieren! ¡Ojalá tuviera yo un amor así!”. En realidad quiero que mi amor y yo sirvamos de ejemplo y que todo el mundo encuentre a su acompañante ideal en la vida.

No quiero que me digan “te quiero”, exijo que me lo demuestren

“La manera de dar vale más que lo que se da.”

Quiero a alguien que no me descuide, que me atienda a todas horas y que no deje de pensar en mí. Sobre todo, no quiero que haya nadie en quien ponga más atención que la que pone en nosotros.

Quiero a alguien que piense en mí tanto como yo en él y que busque siempre una manera mejor de hacerme feliz, que me conozca profundamente, que sepa lo que me gusta y lo que no, que se quede hipnotizado cuando le hablo, que adore mis gestos, mis manías y mis defectos.

Además, necesito que sepa hablar conmigo, decirme NO aunque me duela, que me permita dejar ir lo que me duele, que trabaje conmigo mi autoestima, que cierre mis heridas emocionales y que me defina como persona.

Hoy me he levantado con unas ganas inmensas de mirar la realidad

La felicidad debe ser compartida, tiene alma gemela. Lord Byron

Me he preocupado por ti y te he buscado pero va pasando el tiempo y no apareces. No quiero a alguien que desaparece y que, cuando está, solo es en forma de destellos. Definitivamente, no me merezco que juegues al escondite ni que te vayas. Quiero que permanezcas siempre dentro de mí.

Ahora.., deja de ponerte excusas y piensa que esa persona que anhelas tener eres tú mismo… ¿No mereces quererte? El amor que te mereces es el amor propio.

El rincón de la mujer emprendedora

sábado, 6 de junio de 2015

El miedo a ser independiente

Complejo de Cenicienta

"La existencia no admite representantes"

Hay personas que tienen miedo a ser independientes y que desean, inconscientemente, ser atendidas, cuidadas y mimadas por otras personas.


Descrito por primera vez por Colette Dowling, el complejo de Cenicienta se basa en la idea de la feminidad que retrata este cuento. Cenicienta es una mujer hermosa, elegante, educada y trabajadora que es criticada y explotada por sus hermanas y su madrasta.

Sin embargo, Cenicienta, no es capaz de cambiar su situación por sus propios medios, por lo que tiene que ser ayudada por una fuerza exterior, en este caso el Príncipe.

Es probable que estés pensando que este guión se repite en la mayor parte de los cuentos de hadas clásicos y en los de Disney en particular. Lo cierto es que, tristemente, esto es así.

Aunque hemos superado muchos de los tabúes de antaño, aún se conserva en la mente colectiva un resquicio de ese complejo de inferioridad que nos hace esperar al “príncipe azul”, a alguien que nos cuide, nos proteja y nos haga sentir seguridad.

Como consecuencia, crecemos adoctrinados por una educación que aprueba el sometimiento y la dependencia de las mujeres hasta tal punto que coartan su autonomía y su capacidad de sentirse personas válidas.

Así, parece que vivimos en un mundo lleno de peligros de los que tenemos que ser protegidos y salvaguardados, lo que fomenta que haya personas que se bloqueen y vivan esperando que algo o alguien les dé un meneo a su vida.

El anhelo del rescate

Es frecuente que fantaseemos con el rescate o, dicho de otra forma, con la salvación.Pero, eso sí, si la liberación viene a galope y tiene sangre azul, mucho mejor.

Desde la más tierna infancia nos hemos creado la odiosa expectativa de que todo cambio proviene de fuera y que es difícil que logremos hacer algo diferente por nosotros mismos.

De todas formas, el complejo de Cenicienta no se encuentra en exclusiva entre las mujeres, pues, como todos sabemos, también está muy presente en hombres.

Me da lo mismo que el complejo de Cenicienta ponga como excusa una feminidad insustancial de “muñecas de porcelana”. Hay muchos hombres que esperan que alguien les rescate, que saquen sus castañas del fuego y que hagan algo por ellos y su bienestar.

Al fin y al cabo, da igual el género del que hablemos, lo verdaderamente importante es que las personas con miedo a la independencia abundan y que nadie nos muestra herramientas para hacer frente a esto.

Un ser independiente no nace, se hace

Aprendí que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo. 

Lo cierto es que tendemos, con frecuencia y demasiado rápido, a perder nuestra identidad. Generalmente, somos personas independientes, con objetivos y con aficiones hasta que empezamos una relación.

Cuando comenzamos un nuevo idilio solemos dejar de lado lo que nos definía y empezamos a ver el mundo desde un prisma conjunto, lo cual merma nuestra individualidad.

Esto nos suele suceder con mayor frecuencia a las mujeres, dejamos de ser fieles a nosotras mismas y nos olvidamos de volar.

Ser independientes es lo ideal, pues te deja tomar tus propias decisiones y plantearte tus propios objetivos. Tenemos que tener siempre muy presente que la necesidad de estar dentro de la jaula la creamos nosotros mismos, al igual que la sensación de libertad emocional.

Entonces, ¿de quién depende tu felicidad y tu destino? La responsabilidad es tuya. Cada mañana, cuando abras los ojos, piensa si lo que quieres es vivir tu día con la tristeza a modo de gorro invernal o, por el contrario, prefieres refrescar tus emociones y hacerlas propias.

La clave está en dejar de compararnos, en crecer por y para nosotros y en creer en lo que nos hace sentir. Los límites emocionales que establezcas en tu vida dependen de ti en exclusiva.

El rincón de la mujer emprendedora

miércoles, 3 de junio de 2015

Dame un motivo y levantaré mi vida

" Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada."


Todos hemos pasado momentos en los que hemos sentido que la vida se cargaba a nuestras espaldas, volviéndose, al mismo tiempo, terriblemente pesada.

Además, seguramente, este mismo fenómeno lo hemos podido observar también en los demás. Lo hemos visto en sus caras, en sus gestos, en sus manos, en su orgullo, en un halo de sufrimiento que emanaba de su alma. 

En estos momentos, también hemos visto cómo muchas personas se caían y se dejaban vencer; y cómo otras, por el contrario, encontraban un pretexto en el que apoyarse.

Porque hay personas que encuentran en su interior un punto de apoyo y, triunfantes, lo sacan a la luz con la sonrisa iluminada de un jugador experto, un jugador que sabe guardarse la mejor carta para, definitivamente, poner la balanza de su lado. Y, aunque minutos antes todos le dieran por perdedor, lo consiguen.

Estas personas no son especialmente fuertes, tampoco son de las que se guardan sus sentimientos ni de las que esconden el dolor. Estas personas son las que tienen uno o varios motivos sinceros por los que amar a la vida.

Los motivos de estas personas responden solo a razones o a voluntades que exponen en el juicio final con la pureza de aquel que sabe resumir la vida en pocas palabras. Razones que les mueven a pelear por la vida de maner sincera cuando se encuentran colgadas del abismo y los dedos duelen de manera insoportable.

Estas personas susurran un grito de esperanza que desgarra a su tentación, a un diablo escondido que clama por el abandono y a la paz engañosa de permitir la derrota.

En esos momentos, estas personas sienten, al igual que tú y que yo, que lo más fácil es cerrar los ojos y dejarse caer. Y, entonces, ellos también tienen ganas de abandonarse con la esperanza de que al final del desfiladero se encuentre un colchón de agua en el que refugiarse hasta que vuelvan las fuerzas.

Encontrar este punto de apoyo es, para muchos, una tarea dificultosa. Imaginemos a una madre soltera que tiene dos hijos, que se acaba de quedar en paro y que no encuentra trabajo.

Seguramente, al principio, buscará trabajo con ilusión, una ilusión que aún no ha sido erosionada por el paso del tiempo. Sin embargo, si no lo encuentra, esta ilusión se terminará y se preguntará: ¿por qué seguir peleando todos los días si vuelvo a la cama con el mismo resultado que el que tenía cuando me levanté?

Probablemente, entonces, aparecerán en su mente sus hijos, aparecerá ese amor que supera los límites mentales ante los que, de otra forma, habría sucumbido. Sentirá que no hay otra salida, que no hay otro camino y que nunca podrá rendirse cuando de ella dependen los seres más valiosos que tiene en el mundo.

Además, curiosamente, en estas situaciones aparece una extraña forma de pensar llamada “la falacia del jugador”. ¿En qué consiste esta falsa creencia?

La persona que actúa bajo los efectos de este tipo de razonamiento piensa, al igual que un jugador de cartas, que el hecho de que haya experimentado ya muchas situaciones de mala fortuna seguidas hace más probable que la siguiente vez el azar se ponga de su lado. Es precisamente este fallo en la estimación de la probabilidad lo que mantiene la esperanza y sostiene la lucha.

En otras ocasiones hemos construido este punto de apoyo a fuerza de sacrificios. Esto ocurre en esos momentos en los que pensamos que todo lo que hemos invertido para llegar a ese punto y todo lo que hemos construido se convierte precisamente en la razón que no nos permite abandonar.

En esos casos asumimos que hace tiempo que tomamos la decisión de no plantearnos otra opción, por muy mal que se pusieran las cosas y peligroso fuera el camino.

En este sentido, pensamos que ya evaluamos en su día el riesgo del sendero que elegimos y que fue entonces cuando decidimos aceptarlo como el destino de nuestro principio, ya fuese el de nuestra mejor victoria o del más desastroso de nuestros fracasos.

Sea de una forma u otra, estos apoyos invisibles, desgarradores y sinceros son los que sujetan los corazones atacados por el frío, aún cuando este parece calar hasta los huesos.

El rincón de la mujer emprendedora